El Suicidio

El Suicidio

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Emile Durkheim entiende que el suicidio no es un hecho aislado e individual, sino que es un hecho social, es decir que la fuerza que lo determina es social o son situaciones sociales en su punto de partida. Por lo tanto, como hecho social, le concierne a la Sociología. Para abordar su estudio, define suicidio como “todo caso de muerte que resulte, directa o indirectamente, de un acto, positivo o negativo, realizado por la victima misma, sabiendo ella que debía producir ese resultado”.

El autor considera que se debe entender que la tasa de suicidios depende más del tipo de sociedad en la que se producen que de las circunstancias psicológicas de los individuos particulares que finalmente optan por quitarse la vida. Y para sostener su argumentación utiliza la tasa anual de suicidios que existen en varios países europeos durante la segunda mitad del siglo XIX, llegando así a afirmar que cada sociedad tiene su tendencia propia, individual y natural al suicidio.

Para clasificar los distintos tipos de suicidio, Durkheim no lo hace directamente, es decir, según los caracteres y particularidades del individuo (morfológicamente), sino “ordenando las causas que lo producen”, es decir, clasificarlo por las condiciones sociales que le dan origen (etiológicamente).

Como arquitectura metodológica propone al “Método Invertido” como el único conveniente para el estudio de este fenómeno social. El mismo consta en invertir el orden de las investigaciones, entonces “solo puede haber tipos diferentes de suicidio en cuanto sean diferentes las causas de que dependan”. Plantea descender de las causas hacia los efectos y completar la clasificación etiológica por una clasificación morfológica para así comprobar la primera, y viceversa. Dado que “si esta deducción no fuera guiada por los hechos, correría el riesgo de perderse en combinaciones de pura fantasía”. Para investigar las causas del suicidio, afirma que se debe prestar atención a las diligencias judiciales que se practican, porque allí “se anota el motivo que parece haber sido la causa determinante”.

De esta manera, define al suicidio en cuatro tipos diferentes:

Suicidio Egoísta: Es determinado por la debilidad de los vínculos sociales para comprometer al suicida con su propia vida. Ante la insuficiencia de influencia y coerción de la sociedad, el suicida es libre de suicidarse. Las sociedades modernas se inclinan más a este tipo de suicidio que las tradicionales, donde la dependencia de la familia o del clan es mayor. La causa es el Individualismo. Aquí el “yo individual” es superior al “yo social”.

Suicidio Altruista: Es determinado por el exceso de integración del individuo a la sociedad a la que pertenece, es decir, está fuertemente ligado a las normas, valores e instituciones de la misma. Debido a esto va perdiendo su individualidad y capacidad de supervivencia. La causa es que el individuo se encuentra subsumido al grupo social. En este caso, el “yo social” es mayor que el “yo individual”.

Suicidio Anómico: Es determinado por la incapacidad de la sociedad de regular a los individuos. El individuo carece de valores y normas para adecuarse ante un cambio brusco de situación. Tiene relación con el Suicidio Egoísta, pero en este es la actividad propiamente colectiva la que está ausente, mientras que en el Anómico es la capacidad de la sociedad para regular y controlar las pasiones individuales. La falta de expectativas ante una crisis o fracaso son elementos impulsores de este tipo de suicidio.

Suicidio Fatalista: Es determinado por la existencia excesiva de regulación. Las pasiones del individuo “están violentamente comprimidas por una disciplina opresiva”, lo que lo conduce al suicidio. Este tipo de suicidio esta contrapuesto al Anómico.

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Descripción

Emile Durkheim (1858-1917) hizo excesivo énfasis en la realidad de la sociedad como algo separado de la realidad de los individuos, lo que motivo acusaciones de ensalzar a la sociedad como una entidad mítica superior al individuo y la asociación de su nombre con ideologías totalitarias. Una lectura atenta de El Suicidio, obra clásica dentro del campo de la sociología, pone en claro la injusticia de estas críticas, y que las desviaciones filosóficas en que incurrió son de menor importancia comparadas con la estimulante claridad de su visión teorética y con la minuciosidad de sus investigaciones empíricas.

A partir de lo normal, Durkheim analizará lo patológico. Las sociedades modernas están enfermas porque padecen anomia, vale decir, desintegración de las normas que aseguran el orden social. Frente a la masa de hombres que representa una nación moderna, el individuo forzosamente tiene que sentirse solo: el suicidio emanará entonces de causas sociales y no individuales. Aquí se distinguen tres tipos de suicidios: el egoísta, resultado de la comprobación de que la vida ha perdido su razón de ser; el altruista, que se explica por el respeto hacia una presión social exterior al individuo, y el anómico, que aparece cuando las normas de una sociedad no armonizan con los valores individuales.

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