Lawrence Weiner

Lawrence Weiner

Pionero del arte conceptual, Lawrence Weiner utiliza en lenguaje para disparar la imaginación del espectador. Lawrence Weiner (1942) cuenta que creció leyendo las paredes de Nueva York, descifrando los grafitis y mensajes que dejaban otras personas en los muros. Le intrigaba esa forma de comunicación, en donde el tiempo volvía a las paredes un ejercicio […]
Lawrence Weiner

Pionero del arte conceptual, Lawrence Weiner utiliza en lenguaje para disparar la imaginación del espectador.

Lawrence Weiner (1942) cuenta que creció leyendo las paredes de Nueva York, descifrando los grafitis y mensajes que dejaban otras personas en los muros. Le intrigaba esa forma de comunicación, en donde el tiempo volvía a las paredes un ejercicio de arqueología.

Él mismo aspiraba a escribir en esas mismas calles, por lo que abandonó el campo de la pintura y, a finales de los años sesenta, decidió concentrarse de lleno en una práctica que estuviera basada en un componente universal: las palabras.

Weiner fue de los primeros artistas en Estados Unidos en proponer que el lenguaje es un medio con potencial artístico, un material de construcción. Aunque la mayoría de sus obras consisten en un texto escrito sobre un muro, él insiste en llamarlas “esculturas”, porque nos incitan a imaginar superficies, texturas y sensaciones que las vuelven casi tangibles.

Su propuesta es radicalmente sencilla: crear obras que no puedan encerrarse en una bóveda y que sean accesibles para cualquiera, en tanto que al leerlas o comentarlas con alguien más —así sea sólo para criticarlas— se perpetúen en la imaginación de las personas. Sus piezas no son recetas de superación personal, ni rimas ni frases revolucionarias; sus palabras capturan la contundencia de lo cotidiano. Contrario a la tradición del expresionismo abstracto, sus enunciados no reflejan una estructura moral, los valores y los defectos del artista.

En Weiner, el lenguaje permite ser lo más objetivo posible; eliminar la mano y el gesto del autor en pos de una propuesta sin mediadores. Concisas y claras, casi lapidarias, sus declaraciones aspiran a una “disponibilidad común y universal”. ¿Porqué tendría que tener el arte un público preestablecido, con espectadores familiarizados con la historia del arte o que tengan una educación artística? Weiner nos invita a pensar que una obra puede generar público nuevo e insospechado en cada lectura.

Pionero del arte conceptual, Weiner sostiene que el valor de una obra de arte existe en la idea misma. Así lo proclama en Statement of Intent (Declaración de intención), un texto publicado en 1969 que se convirtió en una especie de manifiesto para toda una generación:

El artista puede construir la obra.

La obra puede ser fabricada.

La obra no necesita ser construida.

Siendo cada una de ellas igual y coherente con la intención del artista, la DECISIÓN como condición descansa en el receptor en ocasión de la recepción.

En tan solo cuatro oraciones, Weiner declaró que la materialidad de una pieza no era relevante en lo absoluto, sino que la obra quedaba a merced de la mente del espectador, convertido en un verdadero cómplice. No presupone ni espera nada de parte del público; cada receptor se vuelve un agente indispensable en la creación de cada pieza.

 

Esto significó un parteaguas que sirvió para englobar la práctica de otros artistas que ya habían empezado a incursionar en el lenguaje como medio: Robert Barry, Joseph Kosuth, e incluso Richard Serra. Este último, además de crear enormes esculturas de acero, también experimentó con el lenguaje en su lista de verbos en infinitivo: “rodar/ arrugar/ plegar/ almacenar/ doblar/ acortar”. Al enumerar una serie de acciones, Serra volvía responsable al espectador de imaginar cada verbo, de activarlo en relación al material que mejor se adaptara a su mente, esculpiendo las palabras en su cabeza.

Weiner también les da forma y dimensión a los diferentes elementos de la tipografía: siempre trabaja en mayúsculas y con fuentes inventadas por él, con el fin de desafiar a la autoridad de los textos académicos que, según él, está representada por la tipografía Helvética.

 

 

 

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